domingo, 22 de febrero de 2009

LA CLARIVIDENCIA NO EXISTE EN LA ECONOMIA

La clarividencia no existe en economía

Demasiados opinólogos y adictos a supercherías intentan descifrar la crisis global con esquemas viejos y rígidos.


Sin duda los opinólogos y los clarividentes tuvieron un año difícil en el 2008. Confundidos por un presente que no se esfuerzan en descifrar, hurgan hasta el hastío en un futuro, que será siempre desconocido e inescrutable.
No es casual que la Gran Depresión (1930), la caída del Muro de Berlín (1989), el atentado a las Torres Gemelas (2001) y la crisis actual no hayan sido previstos por la inmensa mayoría de los expertos, gurúes y oráculos, ni hablar de los gobernantes, que ante circunstancias imprevistas y novedosas parecen caídos del catre.
En verdad, pocos, muy pocos, previeron con antelación la ocurrencia y el feroz agravamiento de la crisis financiera con su secuela de quiebras bancarias, salvatajes gubernamentales y recesión económica.
No conozco economistas o funcionarios que hayan pronosticado, en tiempo y forma, que las tasas de interés internacionales caerían a menos del 1% y que el precio del barril de petróleo alcanzaría los US$ 155 en julio del 2008 antes de desplomarse a sólo US$ 35 en la actualidad.Tampoco supieron prever el derrumbe del 50% de los mercados bursátiles mundiales, el congelamiento de los préstamos interbancarios o que Bernard Madoff realizaría una gigantesca estafa que involucraría a inversores supuestamente sofisticados.Sin duda, analizar la actualidad es por sí misma una actividad ardua: la información que recibimos y los comentarios que realizamos respecto al presente, aun los que son efectuados con un máximo de seriedad y buena fe, están generalmente teñidos por las emociones, los prejuicios y los intereses de quienes los realizan.Cuando intentamos predecir el futuro, las dificultades se multiplican. Las economías nacionales y los mercados financieros son sistemas complejos, dinámicos, que incluyen a mucha gente, normas e instituciones que interaccionan, y las relaciones causales y estructurales están expuestas a permanentes y sorpresivas modificaciones.
Realizar pronósticos financieros/económicos en un mundo que se vuelve interdependiente no es fácil. La volatilidad de los tipos de cambio, la heterogeneidad de los sistemas políticos y las variadas intervenciones estatales en el comercio y la inversión enfrentan al experto con enmarañados desafíos. Y esto, sin tomar en cuenta la gigantesca economía paralela que funciona en las sombras de la ley y que los modelos económicos no incorporan a sus análisis.Algunos de mis colegas, quizás una gran mayoría, creen que existen leyes de comportamiento universales y estructuras económicas fijas, a partir de las cuales se pueden pronosticar conductas económicas y resultados financieros en el tiempo y en el espacio. Dichas creencias rondan las antiguas supercherías. El mercado para servicios de clarividencia existe desde los inicios de la historia: sirve principalmente para reducir la ansiedad existencial que todos enfrentamos ante el devenir de los acontecimientos. Se nutre de mensajes ambiguos teñidos de esperanza y de temor y de pronósticos que generalmente coinciden con nuestros prejuicios e ideas previas. Lo que llamamos "suerte" o "azar" no sólo se aplica al juego o a los resultados deportivos, también es de relevancia en las predicciones económicas y financieras. Los supuestamente "buenos analistas" se distinguen más por la claridad de sus presentaciones que por la precisión de sus presagios. En general, cuanto más conocido el comentarista, menos acertados sus augurios.Los acontecimientos de los últimos doce meses son inusuales y extraordinarios.
El sistema internacional que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial se está desmoronando. El espectro de un nuevo patrón de poder mundial es perceptible en el escenario.Quizás, la confusión y el tumulto actual sean un primer estruendo del nuevo escenario: creciente integración de la economía mundial, relocalización de la producción y transformación de Asia en el centro económico del mundo, profundos cambios demográficos que fortalecen la posición relativa de Asia y África, una asombrosa homogeneización universal de las pautas de consumo a través de los medios de comunicación masivos, la llegada impetuosa de los cambios climáticos. Quizás, la crisis actual no sea la de Lehman Brothers sino la de un mundo que se ha vuelto más interdependiente pero que anda a los tumbos porque no ha sido capaz de definir un sistema mínimo de gobernabilidad compartida. Quizás, China, que exporta el 38% de su PBI, no podrá escapar indemne a la feroz crisis económica que sufren sus principales clientes, los países más desarrollados.
Quizás, el explosivo boom inmobiliario en Dubai con sus torres babilónicas y sus pistas de ski en el medio del desierto no transformarán a dicho emirato en "el Dorado" que algunos imaginaron. Quizás, tengamos que acostumbrarnos a que algunos de los más grandes deudores de los próximos años sean los países industriales avanzados. Quizás, repasando nuestra historia económica, recordemos que lo impensable (la desaparición de nuestra moneda, el congelamiento de los depósitos de los ahorristas) se puede volver banal, en corto plazo.Quizás, el referéndum del domingo pasado que le permitió a Chávez su reelección indefinida sea el comienzo del fin de un gobierno ineficaz y anacrónico cuyo éxito dependió de una bonanza petrolera que ya terminó. Quizás, la catástrofe económica no dure eternamente y vivamos, en pocos años, un nuevo y sostenido auge económico.Nos cuesta aceptar un mundo complejo, incierto y cambiante. Esforzarse por entender el presente reconociendo la complejidad de la realidad -así como el impacto de las emociones e intereses- es el único camino que nos permite atisbar los inciertos lineamientos del futuro. Para desentrañar el futuro, es mejor descifrar el presente que mirar las estrellas.

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